Por qué millones de personas comen y no sacian su apetito

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¿Te has preguntado alguna vez por qué comes y al rato tienes hambre? O ¿Por qué hay personas que pueden estar sin comer varias horas? O ¿Por qué tu engordas y tus amigas no? Algo no funciona bien en tu organismo. En este artículo, intentaré explicarte el o los motivos. Quizás sea algo técnico, pero te dejo una opción: investiga. En internet hay mucha información o, quizás, ha llegado el momento de visitar a un médico especialista http://www.javiermartinez.amawebs.com/

 Os comparto un informe realizado en el año 2017 que explica que el organismo humano al no asimilar el edulcorante eritritol, produce un bloqueo hormonal. En la actualidad, muchas personas utilizan eritritol, en vez de azúcar, para preparar sus postres. Millones de seres humanos consumen productos light que llevan esta sustancia. El resultado, después de una investigación muy larga, concluye que con su ingesta las personas engordan. La ciencia es consciente de que esta sustancia tiene efectos negativos en el organismo del ser humano y, sin embargo, autoriza su consumo.

Obesidad

La obesidad es una patología muy frecuente, la OMS estima que existen 302 millones de obesos en el mundo

A  lo largo de millones de años, la evolución esculpió en nuestro andamiaje genético un sistema tremendamente eficiente para guardar energía extra dentro del propio cuerpo. Para evitar hambrunas, los animales están programados para comer mucho más de lo que necesitan y guardar el sobrante. La grasa concentra en una masa pequeña una gran cantidad de energía. Para nuestra anatomía, la grasa es algo así como las power bars que llevan los montañistas en la mochila.

Tenemos un control muy preciso de la temperatura corporal. Cuando estamos activos, tiene variaciones mínimas. Siempre ronda los 37,2 grados. Y lo mismo sucede con la presión arterial.

La homeostasis energética, sin embargo, no se regula automáticamente. Depende de un laberíntico sistema neuro-hormonal cuyas innumerables vías desembocan, tarde o temprano, en el cerebro, más precisamente, en el hipotálamo.

Actividades como la alimentación y el sexo, vitales para el mantenimiento de la especie y del individuo, están acopladas a un sistema de refuerzo neuronal. Para que los individuos se mantengan interesados en practicarlas, porque si no se acaba la especie, a lo largo de la evolución se vincularon íntimamente con circuitos cerebrales de recompensa y placer.

La primera vez que una persona prueba un alimento que le gusta, una descarga de dopamina acompaña el momento de placer. Pero después, cada vez que la vista o el olfato vuelven a detectarlo, la descarga se produce no en la etapa consumatoria, sino en la anticipatoria. El fisiólogo suizo Wolfang Schütz lo estudió bien en monos. Demostró que la actividad de las mismas neuronas anticipa la liberación de dopamina cuando el animal ya sabe cuál es el estímulo placentero que se acerca. Todas las drogas de abuso funcionan a través de la anticipación dopa-minérgica, —la nicotina, la cocaína, las anfetaminas, los opioides. Y todas producen recaída.

Otra de las vedetes que cumple roles protagónicos en el escenario del hambre es la serotonina, también vinculada con el estado de ánimo (las personas que tienen bajos niveles de serotonina tienden a padecer estados depresivos, o son impulsivas, o violentas). Es un mensajero químico que actúa sobre las neuronas que secretan melanocortinas, los agentes anoréxicos más potentes que hay en el cerebro: cuando aumenta la liberación de melanocortinas, los ratones de laboratorio no comen; cuando se bloquea, comen todo el tiempo. Las melanocortinas tienen su contracara en otro neurotransmisor que llamó poderosamente la atención de los científicos, el péptido (proteína de pocos aminoácidos). Se observó en condiciones experimentales que, cuando se lo inyecta a un animal de laboratorio, inmediatamente desencadena su voracidad.

En el centro de decisiones del cerebro en materia de hambre y saciedad existen dos tipos de neuronas que controlan la ingesta de alimentos: uno actúa como un acelerador y el otro como un freno. Las aceleradoras producen el neuroquímico NPY, que estimula la ingesta. Las segundas producen melanocortinas, que la inhiben.

Pero lo singular del caso es que durante el adelgazamiento se activan las neuronas que producen NPY y se bloquean las que sintetizan melanocortinas. Es decir que, cuando intentamos perder peso, nuestro cerebro estimula la ingesta de alimentos de dos formas: incrementando la liberación de NPY, que produce hambre, y reduciendo la sensibilidad a las melanocortinas, que la eliminan.

Cómo influyen las hormonas en el apetito

Las últimas investigaciones muestran que el territorio del hambre y la saciedad se regula básicamente como un gran imperio cuyos puestos periféricos envían informaciones a la metrópoli, ubicada en el cerebro.

Las hormonas que participan en la regulación de la ingesta pueden dividirse en dos grupos: uno que actúa rápidamente e influye en las comidas individuales, y otro que actúa más lentamente para promover el equilibrio a largo plazo de las reservas de grasa del organismo. Michael Schwartz, Endocrinólogo de la Universidad de Washington.

Los reguladores de largo plazo incluyen a la leptina  y la insulina. Liberadas en el torrente sanguíneo en respuesta a la proporción de tejido adiposo que contiene el cuerpo –en el primer caso por las células grasas y, en el segundo, por el páncreas–, inciden sobre el apetito estimulando o inhibiendo a las neuronas del hipotálamo.

La leptina es una molécula que informa al cerebro acerca del estado de acopiamiento energético. Básicamente, le dice estamos bien o nos estamos quedando sin víveres… Actúa como el repositorio del cualquier hogar que informa cómo está la despensa. Hay una correlación directa entre el nivel de leptina en la sangre y la cantidad de tejido adiposo que existe en el cuerpo, pero lo que percibe el cerebro es la variación. Es decir, una persona puede ser muy obesa, tener mucho tejido adiposo, y por lo tanto tener mucha leptina, circulante, pero si no come hace cuatro horas y comienza a quemar más grasas, al bajar el nivel de esta hormona en la sangre, el cerebro interpreta que tiene que comer. Además, los obesos, que son los que más tejido adiposo tienen, son resistentes a la leptina. Esto ocurre por el mecanismo de acción del receptor, que cuando se estimula permanentemente es como un picaporte girado al máximo. Se traba, por más que lo quieras abrir. Para abrirlo, hay que soltarlo y destrabarlo. Por eso, los estudios clínicos mostraron que la leptina no funciona para el tratamiento de la obesidad.

El papel principal de la insulina es hacer ingresar la glucosa en los músculos y regular sus niveles en la sangre. Pero las personas que tienen demasiada insulina circulando sienten un hambre desesperante, comen más y ganan peso. (La dieta de la Zona controla ese desfase)

La hormona grelina,  que secreta el estómago, constituye otro tipo de señal de alerta. Sus niveles se elevan abruptamente antes de las comidas, con el estómago vacío, indicándole al cerebro que es hora de tener hambre, y después caen igual de rápido, cuando el estómago está lleno.

El péptido YY3-36, recientemente descubierto, es considerado una hormona anti-hambre: redujo un 60% el apetito en individuos sanos a los que se les ofreció un bufete libre. Es producido después de comer por células que tapizan el intestino delgado y el colon proporcionalmente al contenido calórico de la ingesta. Profesor Stephen Bloom, uno de sus descubridores. https://en.wikipedia.org/wiki/Stephen_R._Bloom

Homeóstasis: conjunto de fenómenos de autorregulación que mantienen relativa constancia en la composición y las propiedades del medio interno de un organismo.

Controlar el sistema hormonal es muy complicado para cualquier persona. Sin embargo, acompañada de un profesional, puede conseguir comprender y aprender a conocer su organismo. En la Dieta de la zona, enseñamos a los pacientes este concepto; por eso, la importancia del consumo en cada comida de Hidratos, Proteínas y  Grasas. Una medida exacta—una fórmula magistral 40%-30% – 30%— para su cuerpo.

Eritritol y pérdida de peso

Hemos destacado el uso de este edulcorante en productos light o bajos en azúcares, que mucha gente consume en dietas o para perder peso por su cuenta. Sin embargo, ¿es realmente efectivo?

Cuando consumimos azúcar de mesa u otros azúcares calóricos, el organismo activa una serie de procesos. Entre otros, al detectar el consumo de calorías, activa la producción de algunas hormonas con efecto saciante. En el caso del eritritol, esto no ocurre así.

El organismo no procesa el eritritol como haría con el azúcar común. Esto hace que no se liberen esas hormonas de la saciedad. Por esta razón, al ingerir muchos alimentos que contienen esta sustancia, las personas quedan insatisfechas y tienden a sentir más hambre de lo normal.

Es decir, aumenta la necesidad de “picotear” entre horas y, por tanto, el efecto es contrario a la pérdida de peso. Y es que, aunque se trate de productos light, su ingesta excesiva es perjudicial en lo que a peso corporal se refiere.

Más información:

http://www.metamorfosiscelular.amawebs.com

SKYPE: rosairazuste

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