
¡Hola! Otra semana con herramientas para vivir en libertad…
Hablando con una amiga, surgió este artículo que os comparto.
¿Rosa, qué diferencia hay entre amar y querer según tu filosofía de vida? —Preguntó.
La miré con ternura, por qué sabía sus luchas internas.
Como me gusta recurrir a vivencias que he tenido que recorrer en estos primeros setenta y seis años de vida, fue fácil la respuesta.
—Querida amiga, tengo tantos ejemplos para contarte, pero viajemos al pasado y lo verás mejor.
¿Te acuerdas cuando mi hijo cayó enfermo? —Sí, claro, luchaste como una fiera para mantenerlo con vida. Sí, fueron años muy duro para mi como madre y como profesional de la Salud Natural, fue una ducha de humildad.
—Dany padecía una insuficiencia cardíaca crónica, él decidió recurrir a la medicina alopática, un trasplante de corazón, era la solución, según la medicina tradicional. Lo apoyé y me mantuve a su lado en todo momento. Cuando se operó tenía treinta y siete años. Los médicos dijeron que podría vivir entre cuatro y cinco años más. Sin embargo, fueron quince años más…
En mi primer libro cuento el recorrido de esos quince años. Recurrí a todos mis amigos Médicos de la medicina Natural. Entre ellos el Dr. Barry Sears: le mandó tomar ocho gramos diarios de omega 3. Incluso estaba en un programa de personas con trasplantes en Estado Unidos. El Dr. Barry Sears estaba entusiasmado, era su primer paciente trasplantado de corazón. Pero teníamos un pero, tomaba más de veinte pastillas inmunosupresoras para evitar el rechazo. Así y todo, los médicos de la Fe de Valencia estaban sorprendidos de la evolución tan positiva después de tantos años.
Con los años, su cuerpo atlético, era una persona que jugaba al futbol, tenis, fulbito, un deportista en toda regla, empezó a decaer. Tanta medicación empezó a pasarle factura. Diabetes tipo 1, a pincharse insulina, glaucoma, fallo en los riñones, diálisis, etc.
Llevábamos luchando contra corriente muchos años, estaba cansado, no veía un futuro para su cuerpo. Empezamos hablar del más allá, de la muerte del cuerpo, etc. Como madre intentaba desmarcarme del tema de la muerte, no admitía se rindiera. ¡Hijo!, tienes una familia maravillosa, te necesita, —le decía.
Un día, no hay día que no piense en ese día, me dijo: mamá, estoy cansado no quiero seguir viviendo en este cuerpo enfermo, ayúdame por favor.
—Amigo lector, te he traído hasta aquí para que diferencies entre AMAR y QUERER.
¿Tú qué crees hice como madre que QUIERE a su hijo? le animé a seguir luchando con un cuerpo que ya no quería vivir. Alargar su vida por egoísmo de madre, disfrutar de su presencia un tiempo más. Bla, bla, bla, Dany era muy inteligente, me miro y grito, ¡mamá, basta ya! —Me replegué, quedé encogida ante su: ¡mamá, basta ya! ¡Dany, hijo! no me hagas ser testigo de tu partida.
Él sabía que hacer, estaba en diálisis donde escuchaba a sus compañeros contar historias de otras personas que ya se habían ido, además de los consejos de los médicos. (Las personas que están en diálisis no pueden excederse en líquidos, frutas, etc.)
Como madre que AMA a su hijo, comprendí que su alma quería volar. Nos abrazamos fuertemente durante un rato, lloramos juntos, nos dimos un beso y me fui a casa de mi amiga Paloma. A los pocos días se fue…
Recuerdo las palabras qué un día me dijo Henry: Sí vas paseando y ves una rosa, ¿qué harías? ¿La cortarías para ponerla en un jarrón, o la dejarías y volverías cada día para mirarla?
—Sí QUIERES la rosa la cortarás, pero si la AMAS volverás cada día para verla.
Esa es la diferencia entre AMAR y QUERER. Amar es un sentimiento que nace del alma, querer nace del corazón del ser humano.
La vida me esta enseñando que la vida es maravillosa, pero es como las rosas, tiene espinas.
Traemos hijos a la vida, y son de ella, mientras están aquí los disfrutamos, pero no son nuestros, son de la vida.
Gracias por leerme, gracias por compartir.
Una ves más he dejado mi corazón en libertad, para compartir retazos de mi existencia en estos momentos.
Sé y soy consciente que mis escritos ayudan a muchas personas a sobrellevar sus vidas. Que todos tenemos algo que compartir, y que las penas compartidas son más llevaderas. Todos tenemos una mochila que cargar, unas más pesadas que otras, pero son la mochila que nos ha tocado cargar.
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