La vida es como un rió, déjate fluir…

Remar en el río de la vida

¡Hola, amigos! Aquí seguimos remando con fuerza en el río de la vida. Conviene recordar la importancia de sostener bien los remos, porque cada uno dirige su propia canoa y, con sus decisiones, va trazando el camino hacia su destino.

Como recordaba Confucio: “Un hombre que comete faltas ante el cielo no tiene templo donde ir, ni dios a quien orar”. Quien carga con faltas, culpas o pesos interiores difícilmente podrá fluir con serenidad por el río de la vida. Muchas veces, sin darnos cuenta, llevamos una mochila que nos impide avanzar.

Conocimiento, investigación y sabiduría

Con los años he comprendido que estudiar me aporta conocimiento, pero investigar me ayuda a profundizar. Esa búsqueda me permite adquirir sabiduría y ponerla al servicio de los demás, transmitiendo enseñanzas con verdadero contenido.

A veces estudiamos sin investigar; nos quedamos en la superficie, olvidando que, como un río, la vida tiene distintos niveles y profundidades. Tal vez por eso mantengo vivo mi afán por aprender. Ya lo dijo Sócrates: “El conocimiento os hará libres”.

Aprender de cada experiencia

Habrá días mejores y otros más difíciles, pero procuro transformar todos ellos en experiencias de vida. Todo suma; nada resta. Esa es mi filosofía.

Desde pequeña aprendí que lamentarme o quejarme servía de poco. Había que seguir el flujo y la corriente. Poco a poco fui alcanzando nuevas orillas: bastaba con descansar cuando era necesario y continuar remando.

Conciencia y autenticidad

Recuerdo cuando el psicólogo me decía: “Debes tomar conciencia, concentrarte y prestar atención a tu presente, renovarte, apoyándote en las experiencias del pasado, será como fluirás en el río de la vida, solo así podrás superar  los traumas del pasado de verdad”. El automatismo nos aleja de la consciencia y nos desconecta de nuestro eje.

La máscara, la careta o el disfraz que a veces usamos para salir al mundo nos apartan de nuestro verdadero yo. En lugar de fluir por el río de la vida, avanzamos a tropiezos, sin rumbo claro, dejándonos arrastrar por el entorno.

Cuando perdemos nuestro norte, también perdemos contacto con nuestro origen. Entonces llega un momento en que ya no sabemos quiénes somos ni para qué hemos venido a este planeta.

—Cuándo me liberé de ciertas creencias y comprendí que soy yo quien lleva los «remos», que soy yo quien tiene la responsabilidad de dirigir mi «canoa» fue cuando el río de la vida fluyó en mi ser. Desde entonces fluir sin cargas me ayudan a ir más ligera y más rápido por el río de la vida.

Cada día agradezco al dios de mi corazón por ayudarme a comprender que nada he traído y nada me llevaré… GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS. 

Gracias por leerme y por compartir mis artículos si te parecen útiles.

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