“Las personas más felices son las que nunca dejan de aprender…”

¡Hola, queridos lectores!

Al leer este artículo sentí una gran alegría, porque refleja con mucha precisión cómo me siento en esta etapa de mi vida.

Una nueva etapa después de la jubilación

Desde que me jubilé, en el año 2013, empecé a preguntarme en qué ocupar mi tiempo. El primer año fue de asentamiento: necesitaba adaptarme y tomar conciencia de que mi vida había dado un giro importante.

Una vida de trabajo

Comencé a trabajar a los doce años. Mi primer empleo fue en una fábrica de plástico donde se hacían bombachas para bebés. Allí trabajaba en una máquina, pegando los laterales de esas prendas.

  • A los doce años, trabajé en una fábrica de plástico.
  • A los trece, fui dependienta en El Cabezón, una de las tiendas más importantes de Montevideo.
  • A los quince años, trabajé en la fabrica Famosa en Paysandú.
  • A los veinte años me forme como Cosmetóloga en la academia Helena Rubinstein en Lima Perú.
  • Desde entonces no dejé de trabajar hasta el 30 de abril de 2013.

Hoy disfruto plenamente de mi estado de “jubilada”, con la satisfacción de haber recorrido un largo camino y con el entusiasmo de seguir aprendiendo.

El aprendizaje como camino personal

Desde hace varios años estudio Filosofía, una disciplina que me ayuda a conocerme mejor y a vivir con mayor coherencia con la naturaleza.

También estudié Antropología, que me permitió acercarme al origen y a la historia de la humanidad. Este año comienzo Geopolítica, un tema que me apasiona porque ayuda a comprender mejor la historia de los pueblos y las relaciones entre ellos.

Compartir, acompañar y seguir adelante

Por eso siempre animo a las personas que se encuentran en una etapa similar a la mía a seguir formándose. Como suele decirse, el saber no ocupa lugar.

Conozco a personas que dedican su tiempo al voluntariado. Yo misma fui voluntaria durante veinticinco años en la Asociación contra el Cáncer. Cada jueves iba al hospital para acompañar a enfermos y familiares durante el proceso de la enfermedad.

Al terminar esa etapa, tuve que replantearme qué hacer con mi tiempo. Decidí seguir aprendiendo, porque sentí que era lo más útil y enriquecedor para mi alma.

Nunca es tarde para empezar

Así que, querido lector, nunca es tarde para comenzar aquello que te gusta y que llena tu vida. Sea cual sea el camino elegido, lo importante es seguir adelante siempre, sí o sí.

El valor de seguir aprendiendo

Al leer el artículo que os dejo al final, sentí una gran alegría, porque expresa algo que vivo en primera persona: seguir estudiando no solo llena mi tiempo, sino que también me aporta conocimientos que me ayudan a evolucionar como ser humano.

  • Mantener la mente activa y abierta.
  • Cultivar nuevas preguntas y perspectivas.
  • Poner la experiencia al servicio de los demás.

Por eso, siempre que puedo, animo a las personas jubiladas a ocupar su tiempo en actividades que les nutran: estudiar, aprender algo nuevo o colaborar como voluntarias en alguna organización. Cualquier camino que despierte la ilusión y el deseo de servir puede convertirse en una fuente de crecimiento.

Sólo puedo decir que sí, confirmo lo que dice este estudio, EL APRENDER ME HACE INMENSAMENTE FELIZ. Quizás estoy viviendo la etapa mas feliz de mi vida. 

Gracias, amigos, por acompañarme una vez más. Sigamos caminando, aprendiendo y, sobre todo, poniendo nuestra ilusión al servicio de la vida.

MÁS INFORMACIÓN:

EMAIL: sirio77@protonmail.com

 

https://www.lanacion.com.ar/sociedad/arthur-brooks-catedratico-de-harvard-las-personas-mas-felices-son-las-que-nunca-dejan-de-aprender-nid09082026/?gaa_at=la&gaa_n=AXbw80TUl9vqyX8KS7XyrlOK8FsFyIZ2Q6uqpnzYYkpBTROkTMXYlQZtdLMkEHja5aw%3D&gaa_ts=6a822983&utm_source=newsshowcase&utm_medium=discover&utm_campaign=CCwqFwgwKg4IACoGCAow1P5zML2BDDDfj7IFMIq_7QU&utm_content=bullets&gaa_sig=qfeW5M6NnsdO7fLS86atnGN-d-NdUgugHhFTdbEG1DULvokWMZ2v3pr28p4hskdmsYFK94BMmYFTeLHyOi1V3g%3D%3D

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