LA CIMA DE LA MONTAÑA (Cuento)

LA CIMA DE LA MONTAÑA - 2-

Erase una vez, una humanidad que debía de alcanzar un objetivo.

El objetivo era conseguir llegar a una alta, muy alta cima.

Unos misteriosos personajes reunieron a todos los componentes de esa humanidad en una amplia explanada, les indicaron cual era el camino a seguir y se los cargó con una pesada mochila llena de piedras.

Se les dio libertad para ascender a la montaña por el camino que creyesen mas conveniente y se les insinuó la posibilidad de aligerar su pesada carga según sus aciertos, advirtiéndoselos al mismo tiempo de la necesidad de tener que cargar con mas piedras según sus errores.

Se les dijo que no existía un tiempo determinado para realizar la ascensión, pero se les aconsejó que no se demorasen en exceso, ya que cuanto antes llegasen, antes disfrutarían de la maravillosa recompensa que allí arriba les esperaba.

Se les exigió pasar regularmente por unos controles, los cuales permitirían comprobar su recorrido, avituallarse entre etapa y etapa, y aligerar o cargar mas sus mochilas.
Con ilusión por la recompensa prometida y un cierto grado de intriga por lo que les depararía el recorrido, partieron hacia el objetivo asignado.
Al principio la pendiente era suave, prácticamente inexistente, y la cima de la montaña apenas era perceptible.

Desde la lejanía, el objetivo parecía sencillo y el esfuerzo insignificante.

A medida que fueron recorriendo trechos del camino, la pendiente empezó a acentuarse.

El aumento de inclinación hizo que la carga en las espaldas empezase a hacerse notar.

Transcurrió mucho tiempo. Un largo, muy largo periodo de tiempo…

-Algunos de los que ya habían alcanzado la cima observaron, desde su perspectiva mas amplia, como quedaban compañeros suyos que aún se encontraban ascendiendo por la pendiente.

Los había que habían sido mas hábiles y habían elegido rutas de ascensión mas sencillas. Otros acometieron su ascensión por vías de dificultad mas elevada, encontrándose algunos de ellos en situaciones comprometidas.

Los que se encontraban esperando en la cima decidieron, libres de peso y de cualquier atadura que los entorpeciese, descender a aconsejar y a ayudar a sus compañeros, recomendándoles de que se deshicieran de toda la pesada carga que llevaban encima.

Los hubo que siguieron sus consejos y los hubo que no.

Estos últimos hicieron caso omiso de las sugerencias de sus compañeros que habían aprendido, mediante su propia experiencia, a progresar de forma mas liviana. Se negaron a deshacerse de las piedras que, cada vez mas, iban acumulando en su pesado fardo.

La pendiente y dificultad se incrementó, el peso se acentuó mas y mas, y sus fuerzas, ya maltrechas, apenas conseguían mantenerlos en pie. Algunos desfallecieron y empezaron a caer por la pendiente deteniéndose algo mas abajo. Sus compañeros de la cima insistieron en recomendarles que se deshicieran de las pesadas piedras que llevan en su espalda para poder progresar mas fácilmente.

Algunos rectificaron su actitud, les hicieron caso y después de un periodo de reposo volvieron a reiniciar la ascensión.

Hubo otros que, ofuscados por su tozudez, orgullo e ignorancia, volvieron a hacer caso omiso de los consejos de sus compañeros y continuaron intentando la ascensión.

Volvían a caer, negándose a aceptar el consejo de sus compañeros, y con cada nueva caída, cada vez lo hacían mas y mas abajo.

Finalmente, en una de sus caídas, la falta de fuerzas, el exceso de velocidad alcanzado en la caída y el enorme peso soportado por su cuerpo, les impidió detenerse y fueron precipitándose irremediablemente hasta el pie de la montaña.

Una vez allí y transcurrido un tiempo, empezaron a sentirse solos y desamparados. Observaban con estupor como otros de sus compañeros, que sí habían hecho caso a los consejos de los que habían alcanzado la cima, lentamente, y a medida que iban dejando piedras por el camino, avanzaban con mas celeridad y se acercaban cada vez mas al objetivo que se les había asignado: la Cima de la Gran Montaña.

En su soledad, lamentaban no haber hecho caso a los numerosos avisos de sus compañeros, reprochándose su infantil actitud.

Pasó un largo periodo de tiempo y se les volvieron a presentar los misteriosos personajes.

Estos los consolaron y les dijeron que en breve partiría otra nueva humanidad hacia la cima, y que si lo deseaban, podían añadirse al nuevo grupo pero con una condición: además de la pesada mochila que habían ido cargando durante todo su recorrido, deberían llevar consigo también una de nueva, igual a la de sus nuevos compañeros de ascensión.

Una vez aceptada la condición, se les volvió a indicar el camino a seguir y se les dio la otra mochila llena de pesadas piedras, la cual, tal como se había acordado, tendrían que cargar junto a la que ya era de su propiedad.

Y empezaron de nuevo la ascensión.

Al haber permanecido largo tiempo al pie de la montaña, se habían recuperado del cansancio de su primera ascensión, y dado que la pendiente inicial era prácticamente inexistente, no les pareció demasiado costoso cargar el peso de las dos mochilas, pero llegó el momento en que se inclino ligeramente esa pendiente.

Empezaron a perder fuerzas mucho mas rápidamente que en su primera ascensión y automáticamente les vino a la cabeza el recuerdo de sus antiguos compañeros aligerando sus mochilas.

Sin prácticamente proponérselo, la mayoría optó por ir deshaciéndose por el camino de la gran cantidad de piedras que cargaban, sorprendiéndose gratamente de la livianez y agilidad que adquirían a medida que iban soltando el pesado lastre.

Empezaron a acelerar su marcha y, aunque la pendiente y dificultad se acentuaban, al ir mas ligeros, podían acometer los obstáculos que se les presentaban con mucha mas facilidad.

Al mismo tiempo, sus ansias de reunirse con sus antiguos compañeros de viaje que les esperaban pacientemente en la cima, los impulsó a buscar los recorridos mas fáciles para poder reunirse con ellos con mayor prontitud.

Unos velozmente y otros algo menos, fueron reuniéndose con sus compañeros finalmente en la Cima de la Gran Montaña.

Cuando todos se encontraron reunidos, pudieron contemplar el maravilloso espectáculo que escondía la Gran Montaña. La incertidumbre se disipó y el misterio fue resuelto. Pudieron comprender entonces del por qué de la necesidad de llegar hasta allí.

…y fueron felices… pero, no comieron perdices!…”, ya que mi condición de vegetariano me impide añadir frases que promuevan la muerte de animales. 

Pd: Los hubo que cayeron y cayeron hasta el pie de la montaña una y otra vez, pero aunque con considerable  retraso y muchísimo mas esfuerzo que sus compañeros, finalmente alcanzaron la cima.

AUTOR:   Dani Dofinet

PD: Os suena este cuento?… Si no abandonas tu carga puede te cueste llegar más tarde, pero, llegarás, ¡¡¡¡ANIMO!!!

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